La asociación ZOA – Ciudadanía y Biodiversidad, con el apoyo de entidades ambientales, sociales y de la ciudadanía, convoca para el próximo 18 de julio a las 11:00 horas una manifestación en defensa de la playa de A Calzoa (Coruxo, Vigo), bajo el lema: «No es abandono, es destrucción. A Calzoa pide una solución».
La movilización pretende denunciar públicamente que la degradación de A Calzoa no ha sido un proceso inevitable, sino la consecuencia de una decisión de gestión incompatible con los objetivos de conservación: su declaración como espacio de esparcimiento canino.
La degradación se vio agravada, además, por la falta de actuación de las administraciones competentes ante el progresivo deterioro de uno de los espacios naturales más singulares del litoral vigués.
El seguimiento de la avifauna realizado en A Calzoa muestra que este ecosistema ha experimentado una profunda transformación desde que la playa pasó a funcionar como parque canino en 2017.
La presencia continuada de perros en playas utilizadas por la avifauna constituye un factor ampliamente documentado de perturbación, con efectos sobre el comportamiento, la alimentación, el descanso y la reproducción de estas especies. Un hecho que el propio Ayuntamiento reconoció expresamente mediante un cartel informativo instalado en la playa el pasado mes de febrero.
En A Calzoa, el dato más significativo no es únicamente la magnitud del declive de la comunidad de aves acuáticas, sino también la rapidez con la que se produjo. Ya durante el primer año se observó una reducción cercana al 70 % en la abundancia de aves migratorias. En los años siguientes, el declive continuó de forma sostenida hasta provocar la desaparición de la mayoría de las especies que utilizaban este arenal y reducir las restantes a presencias meramente testimoniales.
La pérdida de biodiversidad no fue la única consecuencia de esta gestión. Cuando el ecosistema ya se encontraba gravemente deteriorado, un nuevo proceso agravó todavía más la situación.
El 28 de febrero de 2025, Mariano Lastra Valdor, catedrático de Ecología; José Miguel Arcas García, doctor en Biología; y Ana Prado Comesaña, bióloga y presidenta de la Asociación ZOA, remitieron a los gobiernos local, autonómico y estatal un documento de análisis en el que advertían de que el cerramiento perimetral instalado alrededor de la duna de A Calzoa era incompatible con su conservación, al impedir la incorporación de materia orgánica transportada de forma natural por el viento y las mareas, un proceso esencial para la estabilidad y regeneración de estos valiosos hábitats costeros.
El documento describía el proceso de erosión que ya estaba afectando al frente dunar y advertía expresamente del riesgo de colapso de la duna si no se sustituía el vallado de malla instalado para impedir el acceso de perros por un sistema de cerramiento compatible con la dinámica natural de estos ecosistemas, tal y como recomiendan los manuales técnicos de conservación y manejo de dunas.
Al igual que había sucedido con las advertencias sobre el impacto en la avifauna, esta comunicación tampoco motivó la adopción de medidas correctoras por parte de ninguna de estas Administraciones.
Un año después, se cumplió exactamente el escenario descrito en aquel informe: la duna colapsó.
A esta degradación ambiental se ha sumado además un deterioro de la convivencia en la playa. El incumplimiento reiterado de la normativa y la falta de medidas eficaces para hacerla respetar vienen provocando continuas situaciones de enfrentamiento entre los distintos usuarios de este espacio público.
La movilización del próximo 18 de julio reclama la adopción urgente de medidas que permitan revertir el proceso de degradación de A Calzoa, recuperar su funcionalidad ecológica y garantizar la conservación efectiva de este ecosistema en el futuro.
Para los convocantes, el caso de A Calzoa trasciende el ámbito local pues ejemplifica una problemática que afecta a numerosos espacios naturales del litoral: la transformación de sus usos sin una evaluación científica previa de sus efectos. La experiencia de A Calzoa demuestra que decisiones de este tipo pueden comprometer no solo la biodiversidad, sino también el equilibrio y el funcionamiento del propio ecosistema pudiendo llegar incluso a producirse daños difícilmente reversibles.
Durante años se advirtió de los riesgos que amenazaban a A Calzoa. Hoy afrontamos las consecuencias de una gestión que ignoró esas advertencias. Ahora es el momento de iniciar con urgencia su recuperación.

