El presidente de la Xunta presidió el acto del Día das Letras Galegas en Santiago de Compostela
Muy buen día, alcaldesa y corporación de Santiago de Compostela, presidente de la Real Academia Galega, presidente del Parlamento de Galicia, Delegado del Gobierno, conselleiro, presidente del Consello da Cultura Galega, y tantas y tantas autoridades que veo aquí. Representaciones de la sociedad compostelana y de la sociedad gallega en este día, como recordaba la alcaldesa, de fiesta muy importante.
Me gusta siempre recordar, es para mí un honor, una coincidencia, pero que fue para mí un honor que mi primer acto como presidente de la Xunta -hace ya cuatro años- fuese la conmemoración del Día de las Letras Gallegas, en aquel año en Valdeorras. Y hoy, por quinta vez, tengo el honor de hablar en nombre del Gobierno de la Xunta de Galicia y en nombre de los gallegos en un día tan importante para todos nosotros.
La fiesta de nuestra lengua y, por extensión, de nuestra cultura y de la identidad gallega. El habla, sin ninguna duda, constituye nuestro primer y principal elemento identitario.
Hoy comenzamos, o más bien finalizamos porque llevamos semanas, una serie de actividades organizadas en esta jornada alrededor de la figura de Begoña Caamaño, autora homenajeada en el Día das Letras Galegas de este año por decisión de la Real Academia Galega.
No soy, por supuesto, ningún experto en literatura gallega ni en lingüística. Los hay muy buenos, académicos y académicas que tendremos ocasión de escucharlos una vez más ahora en la sesión que empieza a las doce en el Teatro Principal. Pero a mí me gustaría compartir con ustedes una serie de reflexiones, ya hechas en su mayoría por los que hablaron antes, sobre la autora que hoy homenajeamos, sobre Begoña Caamaño que, sin ninguna duda, dejó una intensa huella en su, por desgracia, corta vida, a través de su obra literaria y también a través de su obra personal, su manera de ser y estar durante los años que nos acompañó.
Fue una persona intensamente comprometida con los valores que defendía, en los que creía, como la defensa y promoción de nuestra lengua y nuestra cultura, con su visión y también con el papel del feminismo, como también se recordó aquí.
En el feminismo avanzamos mucho en los últimos años, pero quedan aún muchas cosas por hacer, muchísimos desequilibrios por corregir. Lo primero, en las figuras homenajeadas en estos 62 años. De las 62 ediciones del Día de las Letras Gallegas, siete mujeres -contando la de hoy-, ocho si sumamos las cantarinas homenajeadas el pasado año, muestran y acreditan que aún queda un camino por recorrer y un desequilibro que corregir, teniendo en cuenta la pujanza pasada, presente y futura de tantas mujeres que escriben en gallego.
Nos damos cita para homenajear una figura poliédrica, a la periodista y escritora Begoña Caamaño que transitó por la vida de la mano de lo que le gustaba, ese periodismo, al que se dedicó profesionalmente con pasión y rigor, y de la literatura que la acompañó desde sus primeros años, primero como lectora y después con esas dos obras que reflejó perfectamente el presidente de la Real Academia.
Cuenta Ana Romaní, en la biografía publicada por la Academia Gallega que «La magia y los sueños aduban el territorio de la infancia. En la de Begoña Caamaño una madre lee en voz alta al pie de la cama y dos niñas se duermen entre las historias que la imaginación recrea. La madre es Carmen Rascado Rodríguez, las niñas, sus hijas, Begoña y Beatriz», hoy aquí presente.
Este gesto podría parecer un gesto insignificante, pero con él, al leer para sus hijas todas las noches, acaba por inculcarles el amor por las letras, seguramente una de las mejores herencias que les legó y que les podemos legar todos a nuestros hijos e hijas.
Nos damos cita en una Galicia plural, después de 45 años de autonomía, cuatro décadas y media en las que, entre todos y todas, fuimos creciendo en democracia y capacidad de autogobierno.
Autogobierno útil, siempre tiene que serlo, para responder a las necesidades de la gente, también para dotarnos del corpus legislativo necesario para recuperar y poner en valor nuestra cultura y nuestra lengua.
El Gobierno gallego, este y cualquiera, tiene que darle siempre el apoyo que precise nuestra habla, siempre desde la libertad. Hay que convencer; jamás imponer.
Hace falta que los jóvenes finalicen sus estudios con plena competencia lingüística, pero hace falta también – incluso más-, que esa plena competencia formal vaya acompañada de la querencia por el gallego.
Que los jóvenes se expresen en gallego, que usen el gallego en sentido amplio: en las redes, en su vida, cuando lean, cuando escriban, cuando se relacionen.
Y, por ello, nuestra lengua tiene que dignificarse en todas las situaciones, desde todos los escenarios. Como hace Uxía Senlle y tantos artistas en tantas expresiones, en nuestra lengua y alcanzando audiencias y gente que los sigue y los aplaude en cifras probablemente impensables en no hace tanto tiempo.
El profesor Xesús Alonso Montero, que nos dejó recientemente, insistía en que «El gallego es de todos. El idioma no es ni del grupo A ni del grupo B, es el idioma de Galicia, lo hablan ricos y pobres, parados y no parados, de izquierdas y de derechas».
El gallego es de todos y como tal debe ser percibido: sin apriorismos, sin banderas, sin barreras.
Antes de la irrupción de la ola de polarización, a veces muy extrema que todo lo contamina, se hablaba de políticas de estado, entendidas como objetivos prioritarios, inmutables más allá de la reyerta política y que, todos y todas, deberíamos apoyar.
Pues bien, el gallego debe ser nuestra política de estado, probablemente una de las más importantes, un asunto de país en el que todos tenemos que avanzar en la misma dirección. Sé bien que no es un objetivo fácil, mismo que resulta tentador utilizarlo como herramienta política, del lado que sea.
Pero creo que con voluntad de acuerdo por parte de todos, este objetivo común tiene que ser un objetivo posible.
Por ello, la Xunta de Galicia ofrece, como ofreció siempre, diálogo y mano tendida para blindar nuestra habla como asunto del país, como lo que es, para acordar un Pacto por la Lengua que tiene que ser realista y consensuado.
Por supuesto, todo es negociable excepto el gran objetivo de este pacto: garantizar la pervivencia y el crecimiento del gallego.
Garantizar mil primaveras más para lengua gallega, como deseaba Cunqueiro.
Que el habla se hable, como proponían las Irmandades da fala.
Cómo dijo Begoña Caamaño, «Un idioma es mucho más que un idioma. Es una forma de narrar el universo.» Recordémoslo en un día como hoy especialmente.
