Hay decisiones políticas que hablan por sí solas. En 2026, Abel Caballero ha decidido subirse el sueldo. Alfonso Rueda, no. Esa es la comparación clave que define el momento político gallego y que deja a Vigo en una posición difícil de justificar.
El alcalde de Vigo pasará a cobrar más de 81.500 euros brutos anuales, consolidándose como el alcalde mejor pagado de Galicia. Lo hará, además, tras aprobar un incremento cercano al 8 %, mientras el presidente de la Xunta de Galicia mantiene congelado su salario en 85.743 euros. La diferencia entre ambos se reduce así a poco más de 4.000 euros anuales.
La pregunta es inevitable: ¿tiene sentido que el alcalde de una ciudad cobre casi lo mismo que quien gobierna toda Galicia?
Dos modelos opuestos
La comparación no es menor. Alfonso Rueda ha optado por enviar un mensaje de contención y responsabilidad institucional, renunciando a cualquier incremento salarial en 2026. Gobierna una comunidad autónoma con competencias en sanidad, educación, servicios sociales e infraestructuras para más de dos millones de gallegos.
Abel Caballero, en cambio, ha utilizado su mayoría absoluta para asegurarse una nueva subida, sin abrir debate ni buscar consenso social. Dos decisiones políticas. Dos formas de entender el cargo público.
La subida que nadie rechaza
Pero el modelo de Caballero va más allá de su propio sueldo. La subida se extiende a toda la corporación municipal, incluidos los concejales del PSOE y de la oposición. Incluso el portavoz del Partido Popular de Vigo verá incrementada su retribución hasta situarse en torno a los 68.000–70.000 euros brutos anuales.
Este reparto generalizado —el clásico “café para todos”— diluye responsabilidades y garantiza silencio. Nadie renuncia. Nadie da ejemplo. Todos cobran más.
Vigo frente al resto de España
Mientras otros presidentes autonómicos han optado por congelar o moderar sus salarios, Vigo avanza en la dirección contraria. No es una comunidad autónoma ni un Estado: es un ayuntamiento que ya lidera los salarios municipales en Galicia y que, aun así, considera prioritario mejorar las condiciones económicas de su clase política.
El mensaje a los vigueses
La diferencia entre Caballero y Rueda no es solo económica; es simbólica. Uno se sube el sueldo. El otro no. Y ese contraste resulta especialmente hiriente para una ciudadanía que afronta alquileres disparados, hipotecas más caras y pérdida de poder adquisitivo.
Vigo se queda con la imagen del alcalde que casi cobra como el presidente de Galicia.
Galicia, con la del presidente que decidió no subirse el sueldo.
Cada uno elige qué mensaje enviar.
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